martes, 10 de abril de 2007

Discovery Kids

Fui a Las Vegas a principios de marzo y entendí mi lugar en el mundo: el ostracismo.

No podía (puedo) creer tanta basura. De entrada debo aceptar que no soy divertido, que las pedas no me hacen tan feliz como a la decente mayoría de la gente. Además, iba yo por trabajo. Pero caminar por el "strip" me dio una terrible sensación de absurdo y vacío. Las Vegas es la encarnación quintaescencial del dinero. El dinero, que debiese ser un instrumento de intercambio (no me refiero al "capital" en términos economicistas, cuya noción respeto y aprecio) es solo un tótem. Se dice entre los mexicanos clasemedieros que Las Vegas es un "Disneylandia para adultos". Acabo también de estar en DisneyWorld y tengo que conceder que es cierto: Ambos lugares venden humo, sueños, nada.

Solo procuran llenar la absurda necesidad de niños y adultos de escapar de la realidad. Y por supuesto, sin tomarse la molestia de trabajar en la construcción de una nueva. Es el "espíritu Matrix" el que más me molestó de ambos lugares.

1 comentario:

Alfredo dijo...

Temo que en este caso no comparto tu ostracismo Armando,porque, qué es lo que nos diferencia radicalmente de los demás animales? Nuestra capacidad de escapar de la realidad física a través de la cultura. Matrix es lo que nos hace humanos, no al contrario. Las simulaciones, los simulacros son nuestra fascinación, llamalos literatura, circo, música, teatro, rascacielos, dinero... Las Vegas y Disneyworld no contradicen la humanidad, solo la muestran más. Quizá ese espejo es el que te incomodó. Pero ya no hay a donde escapar. Ya hay hasta huellas de robots nuestros en Marte, y si todavía hay bosques y ballenas, es porque así lo hemos decidido. Y creo que eso no debe incomodarnos, más bien debe hacernos más responsables de nuestros actos, algo que en nuestra especie no es muy común.